7/5/07

Siempre sentí una especial atracción hacia lo contradictorio y hacia el enigmático conjunto de sensaciones adversas que me disputan frente a tal oposición.
Disfruto de las historias de fantasmas cuando pienso que jamás debí haberme prestado como audiencia, pero al rato recuerdo que no puedo esperar a oír el final.
Ansío las lágrimas cuya vertiente es un corazón que se cree roto y que arden al contacto con la piel, pero que sólo nacen para hacerlo sentir a uno más vivo.
Me es irónico sentirme más humana cuando después de un mal obrar intencionado y minuciosamente premeditado me inundan la culpa y el arrepentimiento.
Me llama la atención cómo las personas se quedan y se enfrentan a la adversidad cuando el más primitivo y profundo instinto intentando rebalsarse del alma es el de escapar a paso ligero, como si la naturaleza hubiera dictado que seamos todos masoquistas para reírse un poco de nosotros.
Sin embargo y a mi pesar, la contradicción que más me asusta pero, en simultáneo, más me conmueve es la del amor, donde muchas veces, en lugar de presentarse ambos polos dentro de un mismo ser, éstos trascienden y se reparten entre un par, volviéndolo a uno protón y al otro electrón, mas siempre contaminando algún elemento neutro.
Entonces en un mismo cielo uno puede ver una prometedora luna llena cuando el otro no ve más que nubes de tormenta.
Una palabra de ánimo puede hacerlo al emisor complaciente y al receptor presionado: lo que quiso lanzarse como un traspaso de coraje cayó como una piedra sobre los otros hombros.
Un mismo adiós puede representar para uno la libertad y para el otro la esclavitud a noches de llanto e insomnio, ambos sin saber que ni uno está tan redimido ni el otro tan preso.
Un mismo abrazo puede tener un asfixiante y un asfixiado, pero resulta que al que le falta el aire es al que comprime más que al comprimido.
Y finalmente, o debería decir contrariamente, un mismo beso puede variar en el uno y en el otro por una simple preposición: donde uno besó con un “para”, el otro besó con un “hasta”, aunque ambos concluyeran en un “siempre”.

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